Argentina cuenta con tecnología y potencial natural para desarrollar energía limpia a partir de hidrógeno. En qué consiste.

Por su capacidad de funcionar como “vector energético”, al permitir almacenar y transportar energía, el Hidrógeno (H2) es sin duda el “combustible del futuro”. 

Argentina es uno de los países que está apostando a su desarrollo, dada la necesidad que existe en el mundo de reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, abandonando los combustibles fósiles para reemplazarlos cada vez más por fuentes energéticas limpias y renovables.

En este punto es necesario aclarar que existen tres tipos de hidrógeno: gris, azul y verde. El Gris, que se obtiene a partir de hidrocarburos, al separar las moléculas de hidrógeno y carbono, en un proceso que insume energía y a su vez libera dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, con lo que contribuye al efecto invernadero.

“Actualmente el 90% del hidrógeno que se produce en el mundo es gris”, señala Ricardo Lauretta, docente y responsable del Laboratorio de Energía del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).

En Argentina, esta opción se utiliza principalmente en fábricas de fertilizantes y en las industrias de alimentos, acero y equipamiento electrónico.

Para Lauretta, “la producción de hidrógeno gris tiene sentido si se utiliza para hidrogenar aceites, en la industria del acero, o en la producción de amoníaco para fertilizantes, pero no para utilizarlo como combustible ya que estaríamos quemando energía para producir energía”.

Hidrógeno azul

También se puede recapturar el CO2 liberado al producir hidrógeno gris, y enterrarlo en minas abandonadas o pozos petrolíferos agotados. Así se produce el llamado Hidrógeno Azul, que si bien no libera gases de efecto invernadero a la atmósfera, en su producción se queman combustibles fósiles. 

Un reciente estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cornell y la Universidad de Stanford (How Green is blue Hydrogen?, publicado en julio en la revista Energy Science & Engineering) concluye que “la intensidad de los gases de efecto invernadero del hidrógeno azul es un 20% peor que la quema de gas natural para calefacción”.

Según los investigadores, “el hidrógeno azul no tiene ningún papel en una economía libre de carbono, y resulta una distracción ya que el único hidrógeno realmente limpio es el Verde”. 

¿Y de qué se trata? Del hidrógeno que se obtiene del agua, a partir de un proceso llamado electrólisis, que rompe la molécula del agua (H2O) en hidrógeno y oxígeno. 

“En este proceso no hay contaminación, salvo que se utilice energía primaria fósil para hacer la electrólisis. Pero si se utilizan fuentes renovables, como la solar o eólica, estamos hablando de energía realmente limpia”, destaca Lauretta.

Investigación argentina en torno al hidrógeno

Por su posición geográfica y abundantes recursos naturales para producir energías renovables, y por la capacidad científico tecnológica de sus investigadores, Argentina es uno de los países que apuesta al desarrollo de Hidrógeno Verde como un combustible limpio y de exportación, ya que “es un vector energético para transportar energía limpia, solucionando el problema de almacenamiento y la intermitencia de la energía eólica o solar.

La doctora en Ingeniería Química Fabiana Dennari, investigadora del Conicet y docente en el Instituto Balseiro, lidera un equipo que está investigando un novedoso material para almacenar hidrógeno en forma segura y usarlo en vehículos.

“Desarrollamos catalizadores nanoestructurados que permiten obtener hidrógeno a partir de una mezcla de etanol –obtenido a su vez de la fermentación de residuos orgánicos- y agua. Pero como esta conversión también requiere del uso de energía, apuntamos a utilizar fuentes limpias como la solar y la eólica, y capturar el hidrógeno en un nuevo material nanoestrurado que funciona en forma similar a una esponja, absorbiendo el hidrógeno en estado gaseoso. Esto nos permite transportarlo en forma segura y liberarlo cuando y donde se necesita y de manera constante”, explica la investigadora.

Varias compañías automotrices, principalmente de Alemania, están desarrollando tecnologías de hidrógeno para el transporte público y de carga, ya que hacerlo para autos particulares insumiría un cambio tecnológico muy grande y la completa reconversión de las estaciones de servicio.

“Los vehículos que funcionan a hidrógeno solo despiden agua por el caño de escape. Es una tecnología realmente limpia, pero por ahora su costo económico es alto”, advierte Gennari.