Jujeños cruzando a Bolivia, bolivianos ingresando a Jujuy una rutina que se repite con frecuencia diaria entre las ciudades fronterizas de La Quiaca (Argentina) y Villazón (Bolivia).

Pese a la restricción que rige hace ya mucho tiempo de circulación fronteriza producto de las medidas dictadas en función de la aparición de la pandemia mundial por coronavirus, cientos de personas hacen uso a diario del paso que une a las localidades jujeñas con las bolivianas.

Si bien es cierto que no todo cruce se produce por los pasos oficiales, no menos cierto es que estos lugares clandestinos son hartamente conocidos tanto por las autoridades gubernamentales como por las fuerzas de seguridad. Sin embargo, nadie parece inmutarse.

Ni siquiera la posible intromisión del virus covid-19 pone en alerta a quienes debieran tomar medidas para evitar una circulación masiva y un traslado que incluye no sólo personas sino además mercaderías y animales que van y vienen sin ningún tipo de control.

Queda en evidencia que los excesivos anuncios oficiales por parte del gobierno de Morales de mejoramiento de los pasos fronterizos o el equipamiento de las fuerzas de seguridad distan mucho de lograr efectividad en el control de las personas que recorren ciudades de un país y otro.

Resulta llamativa esta vista distraída de las autoridades toda vez que hace muy poco tiempo atrás el coronavirus hizo estragos en el sistema sanitario de Jujuy y una de las principales causas fue justamente un contagio proveniente de la seguridad del gobierno luego de un cruce a Bolivia.